Migración internacional y desarrollo comunitario Opciones para la práctica colectiva y la política pública en zonas periurbanas de Cochabamba
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JUSTIFICACIÓN

El trabajo parte de una necesidad urgente y práctica de conocer los efectos socio-económicos, culturales y políticos de la migración internacional desde la zona sud de Cochabamba, Bolivia.
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Globalización, Migración y Construcción de comunidad

Bases teóricas del proyecto de investigación-acción “Migración internacional y desarrollo local: opciones para la práctica colectiva y la política pública en zonas periurbanas de Cochabamba; Marzo de 2009.

1.- Perspectivas del ‘norte’ y del ‘sur’

Se ha señalado que el número de seres humanos que habita nuestro planeta en otro país que el de su nacimiento no es, en términos relativos, una novedad histórica (Gil 2000: 126), aunque en números absolutos sí lo es. Para el año 2005, un informe de la CELADE (2006) estimó en 190 millones los migrantes internacionales [1] del mundo, como máximo un 3% de la población total. De estos, casi 25 millones eran originarios de América Latina y el Caribe, lo que correspondía con el 4,1% de la población de la región.

A partir de estos y otros datos, investigadores han identificado importantes cambios en la dirección de preferencia de esta migración. Haciendo uso del concepto clásico de “países en desarrollo del sur” versus “países desarrollados del norte”, las trayectorias van en mayor grado de sur a norte, en particular desde principios de los años 1980. De los 190 millones de personas estimadas para el 2006, se habrían trasladado 61 millones de sur a sur, 53 millones de norte a norte, 14 millones de norte a sur y 62 millones de sur a norte (UNDESA 2006, citado en Castles y Delgado 2007: 6). Otro elemento relevante de los nuevos flujos entre naciones es su creciente cara femenina (Balbuena 2003, UNFPA 2006), también observada en la migración desde América Latina (Dureau et al. 2006, citado en Baby-Collin et al. 2008: 136), y para el caso boliviano (Hinojosa 2006, CEDLA 2007).

Por su parte, las señaladas tendencias han llevado a modificaciones en el debate (académico y político) sobre las migraciones. Entre las novedosas temáticas “de moda” (aunque no nuevas) aparece la relación entre la migración internacional y el desarrollo en los lugares de origen. Castles y Delgado (ibid) sostienen que “el nuevo debate sobre migración y desarrollo (…) ha sido impulsado abrumadoramente por los gobiernos de los países del norte y por las agencias internacionales”. Los autores explican este accionar a partir de:
“…el surgimiento de un dilema. Por un lado, la migración es vista como resultado de poderosos factores económicos y demográficos tanto en el sur como en el norte, mismos que son percibidos como consecuencia inevitable de la llamada globalización. Por otro lado, los migrantes provenientes del sur (en especial los trabajadores de escasa capacitación, así como quienes solicitan asilo) son percibidos como un problema –incluso una amenaza– para la seguridad, la estabilidad y los estándares de vida en el norte”
No pudiendo y/o no queriendo evitar la migración,
“los diseñadores de políticas quieren introducir el principio de la ‘gestión de la migración’ para controlar los movimientos y maximizar sus beneficios para los países receptores. Sin embargo, la administración exitosa de los flujos migratorios no puede darse sin la cooperación de los gobiernos de los países de origen y tránsito. Esto sólo ocurrirá si la migración produce beneficios mutuos. Vincular la migración con el desarrollo parece una vía para lograrlo…”
En otro texto, Castles (2006: 44; 47)) concluye:
“lo que se percibe como la ‘crisis migratoria’ es en realidad una crisis en las relaciones norte-sur, provocada por el desarrollo no equitativo y la desigualdad exagerada (…) podría argumentarse que las políticas del norte en materia de comercio, cooperación internacional y asuntos internacionales son las principales causas de los flujos migratorios que las políticas migratorias del propio norte pretenden controlar”

Estas observaciones nos plantean un cuestionamiento fundamental: ¿En qué medida el renovado interés en debatir y diseñar políticas sobre la migración internacional y el desarrollo en ‘lugar de origen’, responde a intenciones y estrategias que pretenden atenuar las crisis en las relaciones norte-sur para prevenir cambios de fondo en el statu quo de esas relaciones?

La orientación del propio debate sobre la temática nos brinda elementos para realizar un primer acercamiento a la pregunta planteada. Hay por lo menos tres características del debate sobre migración y desarrollo que merecen nuestra atención. Una primera característica es la reproducción constante y persistente de lecturas que se enfocan de manera exclusiva en los aspectos económicos de realidades muy complejas. Observamos una curiosa promoción simultánea  de unas propuestas que postulan a las remesas de la migración internacional como impulsoras del desarrollo; y otras en las que esta misma idea es una verdad irrefutable que sólo requiere una gerencia adecuada para materializarse.

Una segunda característica del debate dominante es que las inquietudes giran en torno a las causas y factores motivadores de la migración. Incluso cuando las consecuencias son tema de atención, trasluce como motivador directriz la pregunta del por qué se migra, o por qué migra una persona y no la otra. Analizar en su interrelación las causas y los efectos de la migración tiene lógica. Nos puede ayudar a entender qué es lo que pasa con el desarrollo o, más bien, a cuestionar su concepción dominante, “que implica que los países del sur necesariamente deban repetir las trayectorias pasadas de los actuales países desarrollados…” (Castles y Delgado ibid: 14). Aquí, sin embargo, la idea parece ser más bien encontrar una fórmula con la cual explicar la migración desde las imperfecciones en el funcionamiento de ese modelo (por ejemplo, atrasos en el cumplimiento de una soñada reducción de la pobreza).

En tercer lugar, entre los estudios sobre los impactos de la migración internacional en el lado emisor (los menos) prevalecen dos miradas, una que arroja datos sobre el nivel regional y/o (sub-)nacional, y otro que considera las implicaciones a un nivel individual/familiar. El nivel intermedio, el de la comunidad de origen, aún ha sido poco considerado. Esta omisión refuerza la noción de que las sociedades serían construidas a partir de motivaciones individuales más que desde su capital social. En este contexto, el Estado-nación facilita la implementación de programas y ajustes sin influir demasiado en su definición. Los aportes ‘macro’ sobre migración y desarrollo, en particular los que alimentan el debate sobre co-desarrollo, dan claras muestras de no (poder) sustraerse a los postulados de esta noción (Vaneeckhaute 2002). Es así que Herrera (2006: 14) vincula los estudios sobre la migración con una mirada ‘micro’ a “una preferencia a concebir las migraciones como un elemento compensador que tiene el objeto de restablecer el equilibrio funcional de la sociedad transitoriamente perturbada por la migración, o por la inminente necesidad de que ésta se produzca”

Es importante señalar que la construcción de lo comunitario no ha estado ausente en los debates y estudios de la migración internacional. Pero estos se orientaron hacia paradigmas transnacionales que suelen achicar o negar la relevancia de las construcciones sociales locales. Levitt y Schiller (2006: 197) plantean que: “sin un concepto de lo social, las relaciones de poder y de privilegio que ejercen los actores sociales con base en el interior de las estructuras y las organizaciones no pueden estudiarse o analizarse”. Tras un análisis crítico de las varias perspectivas sobre “la dinámica transnacional”,  estas autoras sugieren revisar “la muy corriente noción de que la sociedad y el Estado-nación son una y la misma cosa”, y proponen “un concepto de sociedad basado en la idea de campo social”, entendido como “un conjunto de múltiples redes entrelazadas de relaciones sociales, a través de las cuales se intercambian de manera desigual, se organizan y se transforman las ideas, las prácticas y los recursos”.

Recogemos de esta propuesta la imperativa de revelar las relaciones de poder y de privilegio que mueven las transformaciones que pretendemos estudiar. Sin embargo, al asumir esta tarea se debe evitar una trampa común: la de normalizar las asimetrías. Desde el campo de la psicología comunitaria, Montero (2003) explica que:
“De acuerdo con la perspectiva asimétrica del poder, la relación se construye sobre una base en la cual alguien posee poder mientras que otro carece de él. Alguien impone su voluntad, alguien obedece. (…) La idea de que el poder es necesariamente asimétrico supone dejar a otra persona, a otros grupos sociales o a una masa ilimitada de personas sin poder. (…) Pero la historia y un mero examen de las relaciones y condiciones sociales nos revela que no es así.”

Desde un posicionamiento similar, Castles y Delgado (ibid) hablan de la necesidad de “adoptar una perspectiva desde el sur”. Esta define la migración como “parte integral de los procesos de globalización y transformación social, así como una fuerza primordial en sí misma que reconfigura a las comunidades y a las sociedades”, y establece como prerrequisito para el análisis de la migración del sur hacia el norte el entendimiento de “las contradicciones de la integración económica global y el carácter ideológico del discurso de la globalización”. Lo que buscaría esta perspectiva es,
…desarrollar un análisis integral, comprehensivo, que examine cada fenómeno específico (como la migración y el desarrollo) en el contexto más amplio de las dinámicas inherentes a las relaciones norte-sur, las interacciones de los diversos espaciales (local, regional, transnacional, etcétera) y de las áreas sociales (economía, cultura, política, género y ambiente, entre otros).

2.- Teoría de la migración y paradigma de complejidad

La necesidad urgente de entender mejor el fenómeno de la migración reside en las exclusiones que sigue creando, recreando y reforzando. Estas exclusiones implícitas en los procesos migratorios se enmarcan en las estructuras y sus dinámicas inequitativas globales, lo cual destaca la importancia de entender la migración en el contexto de la teoría social. Sin embargo, en su revisión de “la perspectiva teórica en el estudio de las migraciones”, Roberto Herrera (2006: 199; 201) concluye que:
La lectura de los trabajos que hemos consultado… nos dan la impresión de no haber podido, o quizá no haber querido, llegar a un planteamiento teórico razonablemente congruente que ilumine en forma integral el problema de las migraciones humanasLos estudios sobre las migraciones, con notables excepciones, están influidos por una pertinaz corriente de pragmatismo epistemológico.
Como posible salida de este dilema, Herrera sostiene que:
La consecución de este objetivo… demanda el uso de diversos instrumentos metodológicos que van desde la unidad conceptual en las definiciones hasta el uso de categorías mucho más complejas que las empleadas hasta hoy. Estas categorías por la índole de su magnitud, se han de referir a fenómenos globales de la sociedad y no solamente a una parte de ellos. Una teoría general de la migración tendría, por tanto, muchos puntos de coincidencia con la teoría sociológica y serían sus elementos de análisis tan a menudo tomados de esta última, que en realidad podría decirse que su formulación tendría solamente una importancia meramente enunciativa, tomando la forma de desarrollos teóricos complementarios o leyes particulares.

Herrera concluye con una cita de Mangalam y Scharzweller (1968: 17): “En el peor de los casos, si las teorías sociológicas contemporáneas fueran tomadas para conducir el estudio de las migraciones, tanto este último como el desarrollo de una teoría sociológica general, se verían beneficiados”.

Dos teorías sociales en contraste

Para implementar esta conclusión, Herrera no propone ninguna teoría sociológica en particular. Sin embargo, en la clasificación de textos sobre las causas de la migración, el autor propone el uso de dos: el cambio social, y el desequilibrio funcional. A la vez, estos dos modelos expresarían entre ellos una distinción entre enfoques metodológicos “macro” y “micro”:
La tendencia a realizar generalizaciones de carácter global, macroteóricas, obedecía a enfoques que tenían como punto de partida la observación de los fenómenos sociales en su forma dinámica y dentro de este marco, específicamente la migración apareció tratada como un elemento del cambio social…. Asimismo, los trabajos que seguían el método de estudio de casos o de nivel microteórico, descriptivos o incluso modelos matemáticos de alcance limitado, fueron reveladores de una preferencia a concebir las migraciones como un elemento compensador que tiene el objetivo de restablecer el equilibrio funcional de la sociedad transitoriamente perturbado por la migración, o por la inminente necesidad de que ésta se produzca.” (ibid: 14)

En respuesta a esta dualidad, Herrera (ibid: 130) propone como la unidad de estudio al “proceso migratorio”, ya que “Las migraciones humanas, concebidas como un proceso y no como el encadenamiento de hechos aislados, han sido reconocidas como el centro analítico vital en su estudio”. Destaca el avance que brindan Castles y Miller (1993) quienes “…describen y explican las tendencias de las migraciones contemporáneas internacionales así como la diversidad étnica y los problemas sociales, políticos y culturales que se derivan de ella”. Estos autores presentan las migraciones como:
fenómenos colectivos que deben ser examinados como subsistemas integrantes del gran aparato político y económico globalmente establecido por lo que cada movimiento migratorio puede ser visto… como el resultado de estructuras macro-micro en interacción… las macro y las microestructuras están conectadas entre ellas a todos los niveles. Separadas no dan cuenta de la realidad existente. Sin embargo juntas pueden ser examinadas como facetas de un proceso migratorio que las une. (ibid: 195-196)

Tal enfoque en el “proceso migratorio” brinda pautas para el estudio de la migración que respondan a carencias en la literatura existente. Modelos imperantes en el estudio de la migración suponen – explícitamente o implícitamente – la influencia causal del sistema estructural y global en el fenómeno de la migración. Esto se desemboca en modelos economicistas y de causa-efecto que señalamos arriba como dominantes en los estudios de la migración (las teorías de la economía neoclásica, del mercado dual de trabajo, de sistemas mundiales y el modelo histórico estructural).

Una tendencia más reciente en el estudio de la migración es el enfoque en sistemas y redes de migración, lo cual abre la posibilidad de comprender más precisamente la interacción de diferentes elementos en el fenómeno de la migración. Este enfoque en sistemas y redes sugiere la importancia de niveles de estudio entre lo individual-familiar y lo global. En particular, urge precisar los vínculos teóricos entre estos dos ámbitos, entre lo “micro” y lo “macro”. La migración nos provee un caso único para explorar estos temas teóricos, mientras que tales precisiones también nos ayudarán a comprender más ampliamente las variedades, desafíos y potencialidades de la migración internacional en nuestras vidas y comunidades.

El enfoque en la comunidad y la vinculación de lo global con lo local

El dualismo persistente de los modelos estructurales e interpretativos para entender la globalización emerge de visiones positivistas o post-estructurales de entender la realidad. Según Campioni (2004), la tesis estructural y radical postula que el Estado-nación y sus fronteras institucionales han sido rebasados debido a la rapidez de las transacciones del mercado global, y dan paso a la vigencia de los “Estado-región”. La tesis escéptica sostiene que lo planteado por los ‘radicales’ es “un mito, inventado por los neoliberales, para arrojar golpes mortíferos al Estado de bienestar y sacrificar a la sociedad planetaria ante el dios mercado”. Estas tendencias en la literatura sobre la globalización están estrechamente ligadas a la destacada ausencia de lo comunitario en los estudios de la migración. No es por ello de extrañar que ninguna de estas dos visiones logre explicar las múltiples contradicciones que presentan las realidades de materialización de los procesos de globalización. Con respecto a los estudios sobre la migración, Herrera (ibid: 206) habla de “una relación dialéctica entre migración y globalización” y propone a la misma como “un campo muy fértil de estudio”.

Es precisamente en la construcción de lo comunitario a través de la creación colectiva de prácticas e imaginarios sociales, que se puede ver la mutua construcción de lo individual real y del sistema global. Sotolongo et. al (2006) observan que las dos dimensiones en la sociedad –el micro de los actores subjetivos y el macro de estructuras objetivas –se constituyen de manera “paralela, simultánea y concomitante”. Para ellos, la fuente de ambas dimensiones de lo social es:
…la praxis cotidiana interpersonal –social e histórica– de los hombres y mujeres reales… Esa praxis cotidiana se va concretando, siempre, a través del desenvolvimiento de uno u otro patrón de interacción social, es decir, de uno u otro régimen de prácticas colectivas características recurrentes (comunitarias, familiares, clasistas, educacionales, laborales, religiosas, de género, de raza, de etnia, etc.) de esa vida cotidiana. (ibid: 133)

La construcción local de lo comunitario realizada en la creación colectiva de prácticas e imaginarios sociales es el sitio por excelencia para examinar la creación de las relaciones entre sistema e individualidades. La mutua construcción de estructuras objetivas y subjetividades individuales interrelacionadas implica la centralidad de prácticas locales sociales y la primacía de lo comunitario. Es en el mismo contexto local que se producen y reproducen patrones de prácticas sociales, los regímenes de prácticas cotidianas recurrentes. Un enfoque en la construcción local de estas prácticas:
permite comprender la vinculación de las (inter)acciones cotidianas (caracterizándolas en sus pautas colectivas recurrentes características contextualizadas) de los hombres y mujeres de una sociedad dada, involucrados en la producción y reproducción (o modificación) de su vida social en comunidades, con la estructuración objetiva de sus relaciones sociales (como un proceso de objetivación de esos regímenes de prácticas sociales cotidianas), y con la constitución de sus subjetividades como-agentes sociales (como un proceso de subjetivación de esos regímenes de prácticas sociales cotidianas). (ibid: 134)
Bourdieu (1990) también conecta los ámbitos de estructura objetiva y actores subjetivos a través de prácticas cotidianas. Su concepto del habitus es el principio que unifica y genera prácticas, y es la forma internalizada (subjetivizada) de condiciones objetivas y el condicionamiento que estas implican.

El enfoque en las prácticas de la vida cotidiana para entender la relación entre macro-estructuras y micro-contextos se refleja en la tercera tesis sobre globalización que describe Herrera. Desde esta perspectiva, la globalización no se define en términos de:
…una interdependencia económica, que ya venía históricamente formándose, sino en la intensificación de las relaciones sociales. Nuestra existencia cotidiana está determinada, de acuerdo con esta posición, no solamente por lo que sucede en nuestro entorno tradicional, sino por lo que ocurre en todo el mundo civilizado. Y ello influye en nuestra conducta, en nuestra manera de pensar y de actuar. Los factores económicos cuentan, están presentes, también se han generalizado, pero es el intercambio cultural lo que se muestra como la cara más característica de la globalización (ibid: 205).

Citando a Hirst y Thompson, Herrera (1997:4) resume: “En síntesis, se la debe entender fundamentalmente como una reordenación del tiempo y la distancia en la vida social”. Tal énfasis en lo cotidiano, en lo local, sin embargo, no implica un enfoque limitado o meramente ejemplar. Urry (2005: 245) escribe que:
La metáfora lineal de escalas, estirando desde local hasta lo global, o desde el nivel micro hasta el nivel macro… debe ser reemplazada por el análisis de múltiples sistemas en conexiones móviles. No hay ni arriba ni abajo en lo global, sino muchos sistemas de conexiones o circulaciones que afectan la relacionalidad en diferentes y variados materialidades y distancias.

Latour (1999: 17) concurre cuando dice que: “No hay un zoom desde macro estructuras hasta micro interacciones… [puesto que] ambos micro y macro son efectos locales de vínculos con entidades que circulan”. En estas líneas, se ha sugerido el paradigma de complejidad para entender mejor las dinámicas entre lo local y lo global, y la imposibilidad de entender uno sin el otro. David Byrne (2005: 97) describe este paradigma como el “entendimiento interdisciplinario de la realidad como compuesta de sistemas abiertos y complejos, con propiedades emergentes y potenciales de transformación cualitativa”. Es un entendimiento inherentemente dinámico, enfocándose en la descripción y explicación del cambio, no a través de una causalidad lineal o patrones universales, sino a través de la exploración de múltiples e interrelacionados movimientos. En vez de coordinación universal o estructura global, hay interacciones de unidades locales (sean estos actores, comunidades o subsistemas).

La imposibilidad de determinar reglas globales se debe a que:
De la emergencia de componentes individuales (…) emerge algún tipo de propiedad (…) algo que no se pudiese haber pronosticado de lo que se conoce de los partes componentes. Y esta propiedad global, el comportamiento emergente, retroalimenta para influir los comportamientos de los individuales que lo produjeron”. (Langton, citado en Ramalingam y Jones 2008: 19) [2]

De allí la primacía del conocimiento local y contextualizado. Para Byrne, “El carácter esencial del conocimiento basado en lo complejo es que es local” (ibid: 101). Desde esta perspectiva, estudios de la globalización deben reconocer que “el conocimiento es local pero no relativo”. Se debe reconocer la construcción social del conocimiento sin “ensalzarlo”:
El proyecto de la complejidad necesariamente se enfrenta con el relativismo subjetivo de la posmodernidad con una afirmación que la explicación sí es posible, pero solamente una explicación que es local en el tiempo y en el espacio. La ciencia de la complejidad se dirige a temas de causalidad con las causas entendidas, necesariamente, como complejas y contingentes. (ibid: 97)

Nos señala Byrne la importancia, entonces, de la comparación de conjuntos de sistemas, es decir, de casos. Como científicos sociales,
Podemos tratar muchos casos y ver cómo las configuraciones que representan nos pueden ayudar entender las varias maneras en que las cosas han llegado a ser como son, y las varias maneras en que podrían ser distintas, y - con suerte y condiciones oportunas - cómo la acción social pueda producir una posible futura en vez de otra” (ibid: 101).
Retomaremos este tema en el capítulo 2 sobre las metodologías aplicadas.

Procesos migratorios y construcción de comunidad

La propuesta de Herrera de adoptar el “proceso migratorio” como unidad de estudio nos da un marco para estudiar las prácticas comunitarias que vinculan los individuales migrantes con la globalización. Es más, la indagación y comparación de diferentes procesos migratorios, como configuraciones distintas y condicionadas por la globalización, nos ayudará ver las relaciones entre los “complejos conjuntos de factores e interacciones [que] apuntan hacia la migración e influyen y deciden su curso”. La contingencia de los diferentes procesos migratorios se enmarca en la construcción de lo colectivo, en la construcción de comunidad.

El objeto de estudio, entonces, es “un conjunto de eventos posibles, que se mantienen siempre como horizonte e incluye siempre la capacidad de relación y con ella, la capacidad de selección” (Santella 2007). Esta capacidad de selección admite las posibilidades de una transformación de las exclusiones implícitas en las estructuras de la globalización actual.

Resumimos lo argumentado en cinco puntos que serán explicitados tanto desde la teoría como desde la práctica, en un capítulo aparte sobre los procesos migratorios y la construcción de comunidad:

  1. Los procesos de globalización empujan el avance hegemónico de un determinado tipo de “desarrollo” y construcción de “comunidad”. La migración internacional opera dentro de este contexto;
  2. Sin embargo, la manera en la que esto funciona en un determinado contexto local depende de las fuerzas y debilidades (sociales) que definen las temáticas de desarrollo y de construcción de comunidad en esos contextos;
  3. De esta manera, un mejor entendimiento de las especificidades locales de la construcción de comunidad y de “lo comunitario”, nos da pautas para pensar sobre el cómo las fuerzas presentes (activas y latentes) puedan operar en ayuda a la “autodefinición” de lo comunitario, y del desarrollo local; y sobre los riesgos que implican las debilidades;
  4. El (debate académico, político) sobre (globalización,) migración y desarrollo, para ser de utilidad en los países del sur global, no sólo debe partir de un entendimiento de la construcción de comunidad y de lo comunitario en sus contextos propios sino, también debe ser llevado a cabo involucrando activamente a esas mismas comunidades;
  5. De esta manera, se permitirá a la vez rescatar para el debate (local, nacional e internacional) valiosos conocimientos, experiencias y aprendizajes desde las diversas realidades locales; en beneficio de un entendimiento más completo e integral de los actuales fenómenos y procesos globales, entre éstos la migración internacional.

Bibliografía

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2008 - “Mujer, movilidad y territorialización: Análisis cruzado de las migraciones en México y Bolivia”. En: Godard, Henri, Sandoval, Godofredo (eds.) Migración transnacional de los Andes a Europa y Estados Unidos. Actes y Memoires No. 17. Lima: IFEA/IRD/PIEB. Páginas 135-166.

Balbuena, Patricia
2003 - “Feminización de las migraciones: del espacio reproductivo nacional a lo reproductivo internacional”. Ponencia presentada en: Conferencia regional “Globalización, migración y derechos humanos”. 16-18 de septiembre 2003. Quito: PADH. En: http://www.elcorreo.eu.org/esp/article.php3?id_article=5219. Fecha de acceso: 12 de junio 2007.

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[1] En su definición del migrante internacional, la CELADE solo considera aquellas personas que viven fuera de su país de nacimiento por más de un año.

[2] “La globalización neoliberal constituye, pues, un elocuente ejemplo de un tipo de conjugación de los mecanismos sociales espontáneos, que actúan y se propagan ‘de abajo hacia arriba’ en la sociedad, con los mecanismos sociales directivos, que se dirigen ‘de arriba hacia abajo’ y que, en este caso, desde determinados centros de poder encauzan lo emergido hacia una orientación de valores predefinida (en este caso, los valores neoliberales) que, como ha mostrado la experiencia reciente, hace abortar muchas de las potencialidades socialmente legítimas y de enriquecimiento humano de ‘lo emergido’”. (Sotolongo et al: 181).

última actualización 06/03/09